
Por Patricia Moquillaza
La ansiedad aparece en el momento menos inesperado, encadenándonos y haciéndonos sumergir en una especie de bucle sin aparente salida. A día de hoy, la ansiedad es muy frecuente en una gran parte de la población, si bien puede empezarse desde unos niveles iniciales o medianos, hasta alcanzar aquellos en los que sea necesaria una ayuda profesional. Sin embargo, en ocasiones la ansiedad se presenta en momentos en los que nos vemos estacados y estacadas, en concreto, cuando nos encontramos en nuestro momento de estudio con nuestro instrumento, o en cualquier actividad en la que sea necesaria una alta implicación y concentración por nuestra parte. Puede aparecer como una sensación de angustia repentina en nuestro momento de estudio, como si pensáramos que aquello en lo que estamos trabajando no supiéramos con certeza si lo estamos haciendo bien o si nos llevara hacia algún lugar.
Es cierto que hay momentos del estudio que son agotadores, en los que llevamos una carga muy alta de presión ya que, por ejemplo, debemos dar un concierto y disponemos de poco tiempo, o que no hayamos ensayado lo suficiente y las dudas nos invadan y no nos dejen calma. Cuando esto sucede, podemos orientarnos hacia diferentes caminos con el fin de solventar esa pequeña situación de estrés y afrontarla lo mejor posible; sin embargo, en ocasiones nuestro cerebro se queda estancado en sus pensamientos y comienza a buclear sin parar, y al ser éste un bucle enconado en sí mismo, nos resulta casi imposible encontrar una solución rápida y optamos por escoger el pensamiento menos interesante y amigable para con nosotros mismos.
Una de los aspectos más importantes cuando suceden estos episodios, es aceptar que estos momentos pueden ocurrir y que no por ello estamos retrocediendo en nuestro camino, ya sea o no de forma profesional. Estas bajadas de ánimo, sobre todo, como decíamos anteriormente, suceden en momentos en los que estamos más saturados a nivel práctico y es quizá cuando más necesitamos ese momento de calma para poder resetear nuestras ideas. Por el contrario, también pueden aparecer en momentos en los que aparentemente disponemos de tiempo y material para realizar nuestra actividad, pero aún así nos podemos llegar a percibir esas sensaciones.
Resulta una tarea complicada el hecho de aceptarnos y con ello aceptar esos momentos en los que parece que nuestra motivación no aparece por ningún lado. Sin embargo, y nada más lejos de la realidad, tener presente que estas bajadas también forman parte del proceso del aprendizaje y del estudio, puede ser de gran utilidad para darnos un espacio personal que por norma general, no solemos darnos a nosotros mismos, e incluso llegamos a entorpecer ese paso de aceptación dándonos indicaciones como “no puedo estar así”, “espero que esta sensación no dure siempre”, “tengo que…”.
No sólo el proceso de aceptación de esos momentos, y en definitiva, el ser más compasivos con nosotros mismos resulta de gran importancia para afrontar estos episodios, sino que también podemos elaborar un pequeño plan, siempre dependiendo de cada persona, en el cual aprovechemos al máximo nuestro tiempo y con ello sentiremos que aunque ese día no haya sido el mejor y más práctico en el estudio, seguimos en nuestro camino y con un propósito personal.


